La ciencia que hay detrás de las muertes por ola de calor: estos son los motivos por los que impacta más en mayores, niños y crónicos

La segunda ola de calor de este año se marchó, según los expertos, a principios de la semana pasada, pero dejó instaladas en la Península las altas temperaturas y sus peores consecuencias, las numerosas muertes que se han estimado estos días en relación con el calor extremo.  

En total, se calcularon unos 2.254 fallecimientos durante las olas de junio y julio tal y como indica la estadística del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) elaborada por el Instituto de Salud Carlos III. Además, desde el final de la segunda ola (el pasado 19 de julio según los expertos), el sistema ha calculado unas 650 muertes añadidas por este motivo. 

Entre estos fallecimientos atribuibles al alza de temperaturas destacan los producidos por los golpes de calor, una consecuencia extrema que durante estas semanas se han dado en sujetos que compartían características similares: avanzada edad, expuestos a altas temperaturas, faltos de hidratación, con patologías previas… una serie de claves en las que coinciden los expertos médicos consultados por 20Minutos.

«Generalmente, el perfil del golpe de calor es el de una persona frágil, los más sensibles serían los niños y los mayores de 65», apunta Lorenzo Armenteros, portavoz de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG). En concreto, de estos dos sectores, es el segundo el que más afectado se ha visto durante las olas de calor, con miles de fallecidos en los momentos de temperaturas más altas de estos dos meses.

Pero… ¿qué factores son los que convierten a estos dos grupos en las potenciales víctimas del calor? Pues principalmente las características de su sistema termorregulador, que en el caso de los niños «no está lo suficientemente desarrollado» y en el de los ancianos, suele estar «envejecido», explica Armenteros. 

«Generalmente, el perfil del golpe de calor es el de una persona frágil, los más sensibles serían los niños y los mayores»

Este sistema de regulación de la temperatura corporal funciona principalmente mediante la sudoración, el método con el que el cuerpo elimina el calor a través de la piel. En él, juega «un papel fundamental el sistema cardiovascular», explica José María Molero, portavoz de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Semfyc). «Es necesario que toda la superficie de la piel esté bien irrigada por la sangre, y para eso es necesario que el sistema cardiovascular esté preparado para funcionar de manera intensa«, analiza.

A este factor clave, Jose María añade otras tres características: el hecho de que las personas mayores poseen una capacidad de enfriamiento del cuerpo más «ineficiente» que los jóvenes, que son personas que «tienden a disminuir el consumo de líquido» inconscientemente al perder el mecanismo reflejo que da la sensación de sed, y el hecho de ser más propensos sufrir más enfermedades crónicas para las que consumen «determinados medicamentos que anulan la capacidad de disipar el calor». 

¿Cómo se manifiesta un golpe de calor?

Los especialistas médicos que han sido consultados por 20Minutos coinciden en que los golpes de calor son el último paso, el eslabón más extremo de una sucesión de síntomas que se encadenan hasta el fallo completo del sistema termorregulador. 

La primera de las manifestaciones que se dan por afectación de las altas temperaturas es la «sensación de agotamiento, la tensión más baja e incluso cierta aceleración del corazón«, relata Jose María. A estos síntomas que denotan cierta deshidratación -y no necesariamente un golpe de calor- se pueden sumar otros más avanzados «como calambres o tirones en los músculos», lo que señalaría los primeros fallos en un sistema incapaz de cumplir todas sus funciones, según el portavoz de la Semfyc.Por último, comenzaría una fase en la que los síntomas son de mayor agotamiento y somnolencia, debido a que el corazón comienza a «economizar esfuerzos al máximo, reduciendo el riego a los órganos, como el cerebro», analiza Jose María. Así, el extremo llega cuando se produce el síncope con la parada cardiaca, un momento en el que incluso termina la sudoración y el cuerpo pierde la capacidad de mantenerse a los 36 grados habituales, llegando incluso hasta los 40.

El tiempo de intervención, crucial para salvar al paciente

A partir del colapso, el tiempo que pasa antes de ser atendido es fundamental para salvar la vida del paciente. Este tiempo es «muy relativo», pues depende de la situación física del afectado, pero Jose María Molero indica que en apenas «20 o 30 minutos, sin asistencia, el pronóstico puede ser muy malo».

En 20 o 30 minutos sin asistencia, el pronóstico puede ser muy malo

Para evitarlo, los especialistas enumeran una serie de medidas que pueden servir para rebajar los efectos de un golpe de calor y ganar tiempo antes de la llegada de las asistencias que aplicarán un tratamiento especializado. «Trasladar al afectado a la sombra, ponerle paños húmedos en zonas clave como las axilas, crear corriente de aire o incluso darle una ducha fría sin un duro contraste», son los fundamentales. 

La diferencia entre el golpe de calor y el estrés térmico

Otro de los peligros de los que los expertos avisan durante estos días de intenso calor es la cuestión del estrés térmico, menos agudo que un golpe de calor, pero igual de letal en muchas ocasiones. «Es lo que se sufre en días sucesivos y lo que ahora va incrementando la mortalidad. Este estrés térmico sobre personas mayores con patologías produce alteraciones metabólicas que finalmente dan lugar a un fallo multiorgánico», aclara también el representante de la SEMG, Lorenzo Armenteros.

«A estas personas la afectación del calor les hace ir descompensando su padecimiento crónico: su diabetes, su hipertensión, su insuficiencia renal o insuficiencia cardiaca… entonces se acaban descompensando», analiza el experto en medicina de familia. Sobre estos desniveles, Armenteros apunta a una clave concreta: «Una de las causas fundamentales es que (los mayores) no beben agua suficiente«.

«Los mayores tienen menos sensación de sed, no sudan como los jóvenes y tienen menos capacidad de corregir y adaptarse a las variaciones de temperatura», apunta antes de describir los síntomas. «Lo primero es la deshidratación, que es de los fenómenos que más alteran el metabolismo, luego deriva en insuficiencias renales y cardiacas, que pueden llevar en unos días a la muerte», enumera. 

Lorenzo Armenteros concluye destacando otro de los peligros de este estrés térmico, y es que sus síntomas «se suelen manifestar de forma solapada y silente», lo que también complica el desarrollo de sus tratamientos médicos previos, ya que «muchos de ellos se ven influenciados por el calor«. 

Un riesgo al que nos exponemos todos

Aunque los mayores, los niños, y también las embarazadas –al ser más sensibles a todos los factores- son los perfiles de mayor riesgo, nadie es inmune a los efectos de las temperaturas extremas. Así lo indica Maite Maza, presidenta del comité científico Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES): «Las cosas que más nos preocupan en verano son las competiciones deportivas o festivales en los que las personas están muchas horas al sol», declara apelando a la prudencia.

De este modo, los médicos insisten en las medidas que se deben tomar para evitar este tipo de problemas: utilizar ropa adecuada, evitar los colores oscuros y las exposiciones prolongadas al sol, hidratarse con más frecuencia que de costumbre y evitar los esfuerzos, especialmente en las horas centrales del día. 

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