Las imágenes más icónicas de Boris Johnson, el premier más extravagante

Boris Johnson soñaba con hacer historia como uno de los primeros ministros británicos con más años en el cargo, pero su suerte parece que se acabó después de tres años de un mandato particularmente turbulento.

Escándalos y mentiras vencieron a un político atípico, eterno optimista, que en 2019 ofreció a los conservadores una mayoría histórica en la Cámara y lideró la concreción del Brexit, la salida del Reino Unido de la Unión Europea.

Boris Johnson, durante un acto de promoción de los Juegos Olímpicos de Londres
 Getty

Su final se había firmado el martes por la noche, con la dimisión, con pocos minutos de diferencia, del ministro de Finanzas, Rishi Sunak, y del ministro de Salud, Sajid Javid, cansados de los repetidos escándalos vinculados al primer ministro.

Una cincuentena de miembros del gobierno británico hicieron lo mismo, privando de cualquier margen de maniobra a Boris Johnson, él que quería continuar con su “colosal” tarea al frente del país.

En junio, una moción de censura mostró la creciente desilusión de los parlamentarios conservadores, con un 41% negándole su confianza. Con su habitual optimismo, Johnson, de 58 años, quiso ver en esta votación una “oportunidad (..) de seguir adelante”.

Boris Johnson sostiene a su perro Dilyn en diciembre de 2019 
 Frank Augstein / AP

Sin embargo, las encuestas y los comentarios habían estado contando una historia completamente diferente durante meses. 

El escándalo del partygate, estas fiestas en Downing Street durante el confinamiento anti-Covid, sus variadas explicaciones, la investigación policial constatando que había infringido la ley, la investigación administrativa denunciando la cultura laxa en Downing Street que ha tenido la confianza del país, en un contexto de inflación en su punto más alto en 40 años, tensiones sociales y aumento de impuestos.

Un último escándalo, el del subjefe “látigo”, responsable de la disciplina parlamentaria de los tories, acusado de tocamientos y cuyo pasado conocía Boris Johnson cuando lo nombró en febrero, fue el último clavo de su ataúd.

Boris Johnson, una máquina ganadora formidable durante la tormenta Brexit en 2019, se ha convertido en un lastre para los conservadores, luego de varios reveses en las elecciones parciales locales y legislativas.

Su índice de popularidad ha caído del 66% de opiniones favorables en abril de 2020 al 23% a finales de junio, según el barómetro de YouGov.

Y entre el 69% y el 72% de los británicos querían que dimitiera, según dos sondeos de esta semana. Pero este político con un aplomo fenomenal, para quien mentir nunca ha sido un problema, se negó obstinadamente a hacerlo.

Cabello pajizo despeinado, comunicativo y con energía desordenada, defendió su mandato: el desempleo en su punto más bajo, la efectiva campaña de vacunación contra el Covid y su decidido apoyo al presidente ucraniano Volodymyr Zelensky.

Boris Johnson conduce una carretilla elevadora durante una visita a Tilbury este año
 Matt Dunham / AFP

Pero en todos los asuntos domésticos, inflación, inmigración, impuestos, vivienda, economía, salud, transporte, Brexit, educación, delincuencia, medio ambiente… la mayoría de los británicos pensaba que su gobierno estaba haciendo un mal trabajo, según una encuesta reciente de YouGov.

La caída fue brutal para quien, antes de convertirse en diputado en 2001, había seguido el camino marcado de la élite británica, el Eton College y luego la Universidad de Oxford. En su momento, algunos profesores ya denunciaban en él una falta de seriedad y una propensión a creerse por encima de las reglas.

Alexander Boris de Pfeffel Johnson, nacido en Nueva York el 19 de junio de 1964 y que, según su hermana, desde niño quería convertirse en “el rey del mundo”, antes siempre había salido airoso de todas las situaciones.

En 1987, fue periodista en prácticas en The Times gracias a conexiones familiares. Rápidamente fue despedido por una cita inventada. El Daily Telegraph lo repesca y lo envía a Bruselas en 1989, donde con desmanes y aproximaciones pone en ridículo a las instituciones europeas.

De vuelta a Londres, se convirtió en columnista político para el Telegraph y el Spectator, y también escribió reseñas de automóviles para la revista GQ. Es divertido, erudito, poderoso. Pero pagó hasta 4.000 libras en multas de estacionamiento de los autos que probaba.

Ingresó en el Parlamento en 2001, rápidamente despedido del “gabinete fantasma” de la oposición por mentir sobre una aventura. Luego le quitó la alcaldía de Londres a los laboristas en 2008, en su momento europeísta y proinmigración.

El actual ‘premier’ británico posa junto a su figura de cera en el Museo de Madame Tussauds
 AP Photo / Sang Tan

Permaneció allí durante ocho años, labrándose una estatura internacional, ayudado por los Juegos Olímpicos. Luego se convirtió en una de las principales figuras de la campaña Brexit, luego jefe de la diplomacia bajo Theresa May, y la reemplazó como primer ministro en julio de 2019.

“Es un actor brillante, pero no apto para un cargo nacional, ya que parece que solo le importa su destino y su satisfacción personal”, dijo su exjefe Max Hastings al Telegraph.

Su vida privada está a la altura del personaje. Casado en tres ocasiones, en 1987, 1993 y 2020, tiene al menos siete hijos, incluidos los dos menores nacidos de su matrimonio en 2020 con Carrie Symonds, de 34 años, exfuncionaria de comunicación del partido Conservador.

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