El primer miliciano español muerto en Ucrania: un ‘teleco’ de matrícula de honor

Ángel Adrover Martínez envió el pasado 13 de junio un mensaje de WhatsApp a su madre, Dolores. El día antes le había comentado sus ganas de viajar con su novia ucraniana a Baleares y enseñarle Portocolom, una pedanía de la localidad de Felanitx, donde nació. Pero la guerra fue más rápida. El pasado sábado, la última tragedia bélica de Europa entró en casa de Dolores y se llevó por delante a una familia: su hijo, de 31 años, había muerto en un hospital de Ucrania convirtiéndose en el primer brigadista español que pierde la vida en el frente ruso.

«Nunca pensé que iría a la guerra», recuerda ahora su madre en declaraciones a ‘Última Hora’. «Yo lo que quería es que volviera a casa de una vez», lamenta compungida esta mujer, cuya tristeza le lleva a recluirse en su hogar mientras recuerda a Ángel como un joven altruista y solidario impresionado por el drama de la exrepública soviética. El Ministerio de Asuntos Exteriores informó que la Embajada española en Kiev ya ha iniciado los trámites para la repatriación del cadáver al tiempo que se investigan las circunstancias, el lugar y el momento exacto de su muerte. A la parquedad de las autoridades ucranianas -remisas a facilitar información sobre la pérdida de sus combatientes- se une el retardo en la notificación de los hechos, común a causa de los problemas de comunicación entre las zonas de guerra y Kiev. También este martes se supo del fallecimiento de otro miliciano, el estadounidense de 52 años Stephen Zabielski, que cayó abatido el 15 de mayo durante un combate en la aldea de Dorozhniank.

Adrover, según mencionaron algunas fuentes militares, murió en el frente, a una de cuyas bases había sido asignado como asistente después de un corto periodo de aprendizaje militar. Habría expirado después de una larga intervención quirúrgica, aunque las autoridades no han detallado si se trató de una cirugía urgente por heridas de guerra. Otras fuentes han explicado que la muerte ocurrió en una zona ajena a los enfrentamientos e incluso que pudo obedecer a causas naturales.

El Ministerio de Exteriores español se limitó a certificar que la División de Emergencia Consular fue informada del óbito el sábado por la tarde. Aseguró que no tenía constancia de su presencia en Ucrania, como no la tiene oficialmente de las decenas de españoles que se han enrolado para combatir a los rusos, según las estimaciones extraoficiales con las que trabaja el Gobierno.

Ángel Adrover se fue a la exrepública a mediados de marzo, solo tres semanas después de la invasión. En su casa no ocultó que se marchaba a Ucrania, pero dijo que solo iba a realizar labores humanitarias o, como mucho, trabajos de logística en comunicaciones, su especialidad. El mallorquín era ingeniero de Telecomunicaciones por la Universidad Politécnica de Cataluña, donde se graduó con matrícula de honor. Enrolado en la denominada ‘legión internacional’, partió a Kiev desde Holanda, su lugar de residencia desde hacía dos años, tras haber trabajado en Barcelona y en el hospital Son Espases de Mallorca. En marzo, solo días después de llegar, recibió de forma apresurada un curso de formación militar, ya que carecía de cualquier adiestramiento previo para el combate.

«Se asustó mucho»

Como él, hasta 7.000 voluntarios de 60 países han engrosado las filas de esta brigada desde el comienzo de la ocupación. Muchos de ellos se han desmovilizado y regresado a sus casas en coincidencia con el avance ruso en el Donbás, abrumados por la intensidad de los combates, la muerte de sus compañeros o la escasez de armas y municiones.

La falta de experiencia castrense hizo que en un principio las autoridades destinaran al joven español a trabajos de telecomunicaciones en Leópolis, una ciudad refugio al oeste de Ucrania y a solo 70 kilómetros de Polonia, lejos del frente. Sin embargo, Adrover pidió marchar a la primera línea de la refriega.

En una de las comunicaciones con su madre, el joven le pidió que estuviera tranquila ya que él se encontraba «en segunda línea de fuego». Dolores cree que quería ahorrarle preocupaciones, aunque es cierto que el brigadista tenía prohibido revelar su localización para prevenir que los rusos estuvieran controlando las comunicaciones y se enterasen de la posición de su unidad. De hecho, ella supo que había pasado por Leópolis «porque hubo un atentado y me lo contó. Se asustó mucho», relata en ‘Última Hora’. A casa enviaba fotos de edificios reventados e imágenes de misiles explotando al tocar tierra. En Youtube colgó un vídeo enseñando cómo se usa un fusil de asalto automático M4A1. Aconsejaba montar el cargador con 28 balas en vez de las 30 de capacidad máxima para evitar que se encasquillara.

Tras conocer la noticia, Dolores recibió un mensaje de un coronel ucraniano: «Conocí a su hijo personalmente. Era una persona muy honesta, extremadamente inteligente y con unos principios muy claros. Admiro su coraje».

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